¿Por qué nos rendimos?

A estas alturas del año, probablemente ya estaremos engrosando las estadísticas de las personas que no cumplen sus propósitos de año nuevo o que van por mal camino. Voy a citar mi caso particular: me inscribí para correr mi tercera maratón en julio próximo y al día que escribo estas líneas no he empezado el entrenamiento de forma adecuada.

A la gran mayoría nos sucede, en cualquier ámbito de la vida. No es el escenario ideal, pero tampoco el fin del mundo. A fin de cuentas, podemos vivir con esas cinco libras de más, ¿cierto? Sin embargo, mi tema de hoy no es sólo el asunto de las metas que no logramos, sino del porqué no las logramos.images

¿Cuáles son las razones que nos llevan a rendirnos? Lo normal es que siempre habrá un culpable. El vecino, nuestra pareja, el alcalde, el Conavi, la platina, el Presidente, uno de nuestros hijos, Donald Trump, el reggaetón que detestamos, etc. Hay alguien o algo que siempre serán los responsables de que andemos manejando de mal humor nuestros vehículos, de que le hablemos de mala forma a nuestra pareja o hijos, de qué no trabajemos al 100% o de que no hagamos ejercicio.

Siempre habrá algo o alguien más que serán los culpables. O al menos, es lo que nos hacemos creer a nosotros mismos.

La cruda y evitada realidad es que somos nosotros los únicos responsables. Acostumbramos a evadir nuestra responsabilidad, desviamos la culpa hacia otra parte, nos victimizamos y de nuevo, repetimos el ciclo. Año con año es la misma historia: planes, metas, anuncios con bombos y platillos, para luego terminar rindiéndonos y justificándonos.

¿Por qué nos damos por vencidos y abandonamos nuestras metas, no sólo de año nuevo sino a veces, de vida? 

Hay una serie de razones que tradicionalmente se señalan:

  • Somos resultadistas y esperamos que los resultados vengan muy rápido, obviando de esa forma los procesos incluidos que muchas veces requieren ser pacientes.
  • Dejamos de creer en nosotros mismos o, peor aún, quizá nunca habíamos empezado a hacerlo.
  • Nos quedamos estancados en el pasado, buscando responsables de lo que salió mal.
  • Nos quedamos estancados en nuestros errores sin darnos la oportunidad de volverlo a intentar o ver lo que nos enseñaron.
  • Tenemos miedo del futuro aunque no haya llegado aún.
  • Nos resistimos a los cambios pese a que son inevitables.
  • Renunciamos a nuestras fortalezas y lo que podríamos lograr con ellas, por compararnos con quién no debemos o por anhelar las fortalezas de otros.
  • Creemos ciegamente en nuestras debilidades y alimentamos esa creencia buscando magnificar el tamaño de lo que nos ha salido mal en la vida.
  • Sentimos que el mundo gira a nuestro alrededor, damos por sentado lo cotidiano y lo bueno que tenemos y nos creemos más de lo que realmente somos.
  • Le tememos más al fracaso que lo que ansiamos el éxito, y es precisamente ese desbalance el que nos ancla en el ‘no puedo’.
  • Nunca visualizamos que podemos lograrlo porque estamos concentrados viendo los obstáculos e inventando dificultades que quizá nunca van a llegar.
  • Pensamos que perderemos mucho, sin haber cuantificado cuando perderemos si no lo intentamos.
  • Trabajamos demasiado en cosas que no son importantes y que drenan tiempo, energía y sueños.
  • Asumimos que somos los únicos con problemas en el mundo, de forma egocentrista y a modo de justificarnos y ‘sentirnos bien’ con nosotros mismos.
  • Vemos al fracaso como una señal para dar marcha atrás, en lugar de pensar de qué forma podríamos hacerlo mejor.
  • Sentimos lástima de nosotros mismos y no nos atrevemos a cambiar ese sentimiento.

Muy pocos de nosotros escapan a esta lista. Algunos, inclusive, tendríamos una razón más como para incluir en la lista y hacerla más grande.

¿Te diste por aludido con alguna de ellas? ¿O con varias? Yo sí, y por eso las compartí en este artículo, porque cuando nos damos cuenta de algo, debemos hacer algo al respecto. No debemos ir por la vida ‘como si la cosa no fuera con nosotros’. Tenemos que actuar y así, dejar de repetir año con año el mismo ciclo. Al final de cuentas, podemos definir la locura como ‘hacer siempre lo mismo esperando tener resultados diferentes’.

Anímate a buscar y construir tu mejor versión. No te conformés con menos que ello.

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