Un feedback a tiempo

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Me escribió un amigo… Primero me saluda, luego me pregunta sobre el grupo con el que entreno atletismo y luego me cuenta que anda buscando cambiar de entrenador ya que el grupo en el que está siente que no le dan el seguimiento necesario, que a veces se siente entrenando solo y no sabe a ciencia cierta cómo medir su progreso (¡obviamente le recomendé mi grupo!).

Esa misma noche, reunido con un grupo de amigos, en medio de la conversación surge el comentario de que una amiga está planeando pasarse de lugar de trabajo ya que no se siente a gusto donde está. Comenta un poco de rutina, de que todo está hecho.. y que no le dan retroalimentación de sus labores.

En otra ocasión, escuché de un padre de familia cuyo hijo mayor tenía una estupenda idea, una que revolucionaria el mundo de los videojuegos. La fabulosa idea de negocio consistía en un protector para el dedo gordo de la mano, que, según el pequeño, se lastimaba mucho al jugar con los controles de su consola de juegos. El padre, muy sabio, le recomienda hacer un pequeño sondeo entre sus amigos a ver qué tan interesados estarían en la idea y cuanto pagarían por la novedosa invención.

¿Te has detenido a pensar en la importancia de la retroalimentación, o feedback? Es algo casi tan natural como parpadear. Preguntamos por la opinión de los demás en temas del diario vivir. Vestido, restaurantes, rutas de viaje, regalos que vamos a dar, etc. Podría aventurarme a decir que necesitamos la opinión ajena de un modo u otro.

Entonces, en este punto es necesario reflexionar sobre cinco aspectos importantes para tener un adecuado uso de esta herramienta:

  • ¿Es realmente necesario? Sí. La información que consigamos nos dirá por dónde vamos y cómo lo estamos haciendo.
  • Debe ser oportuna. El exceso de información y de voces nos puede llegar a desorientar. Cuando solicitemos feedback, que sea en un momento preciso y puntual.
  • ¿Quién debe darla? Cuando deseás comprar una joya de gran valor no le consultás al dueño de la panadería de la ciudad, sino que vas directamente donde el joyero. Así debe ser con el feedback, debemos solicitarlo a quien nos dé información que nos sea útil.
  • ¿Y si la información no me gusta? Hay que revisarnos a lo interno. ¿No me gusta porqué me incomoda por mi orgullo o porque no es la más adecuada dado el conjunto de circunstancias de la situación que evaluamos? En ambos casos hay que tomar decisiones: me trago mi orgullo, en especial si el cambio es para bien; o busco un mejor feedback en concordancia con la situación.
  • ¿Qué hago con la información? Aplicarla. Ese trabajo, ese proyecto, esa situación particular, va a cambiar para bien si nos esforzamos.

Se dice que la brújula fue un invento del siglo IX. Su función es la de ubicar a quien la usa sobre la ruta a seguir para llegar a su destino. Antes de la brújula, eran los cuerpos celestes y su posición en el cielo lo que orientaba a los viajeros. Hoy usamos los GPS.

La necesidad de orientarnos en nuestro camino siempre ha existido. No nos quedemos atrás y hagamos uso del feedback, será de provecho para nosotros y muy probablemente veremos buenos resultados en su implementación.

Publicado originalmente en La Nueva Ruta del Empleo