Lo que ofrecemos atrae lo mismo

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Hace algunas semanas me dejé llevar por mis ‘emociones viscerales‘ y me involucré en un tipo de discusión que se llevaba a cabo en una red social. Solo argumenté que no hacían falta insultos, ironías o sarcasmos al momento de defender una posición, y lo hice con la intención de apoyar al community manager de una organización.

Supongo que el aludido no me entendió, en vista de que se puso contra mi defendiendo su ‘derecho’ a usar sarcasmos, insultos e ironías. Lo más chistoso es que detrás de él aparecieron más, todos emprendiéndola contra mi.

Ahora bien, silenciosamente me retiré de la escena, dejé de seguir a la empresa esa y listo, no se me cayó un brazo o una oreja debido a los ‘valientes’ ataques que dirigieron contra mi. Bah. Tonterías de niños en redes sociales, de los cuales me reconozco como uno más en el momento.

Lo comentó porque luego de reflexionar, llegué a un par de conclusiones que alguna vez tuve presentes y que la vida me las traía de nuevo a la palestra:

  1. No podemos dar otra cosa que no sea lo que tenemos con/en nosotros.
  2. Atraemos a nosotros solamente a quienes tienen lo mismo para ofrecer.

Pueden parecer frases místicas, pero en la realidad tienen vigencia. Lo comprobé ese día. Hasta parecía que disfrutaban insultarse mutuamente. Definitivamente no es mi ambiente y por eso decidí alejarme, no porque yo sea mejor, sino porque trato de ser diferente y ofrecer algo diferente a quien se cruza conmigo en la vida.

¿Sentís que solo te rodean personas complicadas y pesimistas? Seguramente es por lo que estás ofreciendo a tu entorno. ¿Qué tal si empezamos a ofrecer algo diferente, a ver que pasa? Un pelín de gratitud por acá, un poquito de respeto por allá, una pizca de optimismo y palabras amables de nuevo por acá. No es nada místico ni nuevo, pero es algo de beneficios comprobados.

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La derrota te hace crecer

Hay quien dice que ‘la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana’. La frase se le atribuye a Napoleón, el famoso militar y gobernante francés que vivió entre los siglos XVII y XVIII. Y es curioso que la haya pronunciado alguien que ganaba batallas monumentales con la misma facilidad con que le aplastaban a su ejército a la batalla siguiente. ¿La clave? Voy a especular: seguramente Napoleón no se dejaba amedrentar por el miedo o el ‘qué dirán’.

Siempre hacia adelante, no hay otro camino. La sociedad lo necesita, nuestra familia y amigos lo necesitan, nuestras organizaciones también. Y nosotros mismos, diseñados en la eternidad, debemos seguir el curso de la vida, hacia adelante.

Si todos aprendiéramos a valorar lo que nos enseña una derrota, la buscaríamos tan incesantemente como buscamos una victoria: con ganas, con empeño. Al final, a veces, no tenemos nada que perder y si mucho que ganar.

Anímate, preparate, no dejés nada en casa, llévalo todo y salí a buscar que te derroten. Si ganás, estupendo, pero si perdés, asegúrate de aprender la lección.

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El último mes tuve el honor de conocer al equipo de futbol sala de Coronado, donde resido. Conversando con ellos aprendí cosas de mucho valor. Una de ellas: saber que la adversidad nos hace grandes, y si un capricho del destino –como una tanda de penales- nos derriba, siempre podemos elegir levantarnos de nuevo. No logramos superar la serie contra el equipo rival, pero logramos superarnos a nosotros mismos y volvernos más fuertes. De eso se trata.

Mi reconocimiento a los muchachos, ¡lo mejor está por llegar!

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