Hambre: Lecciones de las hormigas para una empresa

Reconozco públicamente que soy un intento de atleta popular que además es masoquista. Y no porque ocasionalmente me dé una paliza física entrenando cuando voy para un evento deportivo importante para mí –con la supervisión del entrenador, por supuesto– sino que además tengo una manía recurrente: me pongo a ver algunos eventos deportivos por youtube. Ya saben, a modo de ‘motivación’.

Me resulta fascinante transportarme al lugar e imaginarme parte del evento. En esas transmisiones, lo usual es que las cámaras sigan a quienes van en los primeros lugares. Existen casi las mismas probabilidades de que yo sea el primer ser humano en llegar a Marte así como de ser el atleta ganador de uno de esos eventos, entonces esas transmisiones son la única forma que tengo para ver cómo se desarrolla la competencia allá, en la punta.

¿Cómo se ve el panorama adelante? ¿Cómo es el apoyo de la gente? ¿Cómo es el lugar, qué y cómo se ve el paisaje que tienen ellos, esos kilómetros sin nadie más por delante? Y, más importante aún, ¿qué piensan y qué se dicen a si mismos? ¿Qué los hace dar una brazada, un pedaleo o una zancada más?

Para mi caso particular es fácil responder a esas preguntas. Voy dentro del grueso de gente en el evento, como a la mitad, digamos, entonces me concentro en ‘cazar’ uno más, tratar de alcanzar a aquel o aquella que va allá, en seguir mi pace, que cuánto más falta para el siguiente puesto de asistencia, a veces hasta me pregunto que estoy haciendo ahí, etc. Pero, ¿el puntero de una carrera?

.. si hay algo que lleva a los ganadores de una carrera a reventarse hasta donde les dé las fuerzas es el hambre..

Muchísimas cosas deben pasar por su cabeza. Pero estoy convencido de que si hay algo que los lleva a reventarse hasta donde les dé las fuerzas es el hambre. No necesariamente el hambre física –aunque si, a los deportistas a veces nos motiva la comida- sino más bien el hambre de triunfo, de logro, de ganar. Sesiones de descarga y terapia, una o dos sesiones de entrenamiento diarias, psicólogo, coach, entrenador, balancear la alimentación, ejercicios complementarios, descanso, equiparse bien, pensamientos y diálogos positivos.. tantas cosas que de nada servirían si los punteros no tienen hambre por ganar.      

Y es que no es la misma hambre que puede llevar un tipo como yo, metido en la mitad del evento. Por más que quiera ser héroe o influencer –uno más-, jamás será lo mismo. El hambre de un ganador a esa escala debe ser enorme, por todo lo que hay detrás.

Claramente, a nivel de organizaciones sucede lo mismo. No se trata de tal o cual sistema político o económico con el que simpaticemos, o la romantización que queramos darle a una organización. O conseguimos recursos con hambre desesperada para seguir operando o conseguimos entonces un candado para cerrar.

Podemos hablar de economías colaborativas, de empresas y productos disruptivos, de rankings de los mejores lugares para trabajar, de segundas familias, de RSE, de gestión vanguardista.. pero si no hay recursos de por medio, todo se queda en el papel y en la cajita con nuestras pertenencias al cerrar la organización.

Tampoco pensemos en extremos. Ese tipo de esquemas y estructuras de trabajo son valiosísimos, muestra de la evolución a nivel liderazgo y management que se esperaría que tengamos conforme avanzan los años y despertamos a la importancia de las personas, el componente principal y más importante en las organizaciones.

Si no hay hambre, nos conformamos..

Pero, si no hay hambre, muy difícil todo. Veamos nuestro caso particular. Si no hay hambre, nos conformamos. Nos damos una siesta, nos distraemos. Y eso está bien, en el momento correcto.

Me llama la atención el proverbio bíblico donde el Rey Salomón escribe sobre las hormigas. Comenta que ellas se esfuerzan todo el verano para juntar alimento para el invierno. Lleva implícito el hecho que una vez que pase el invierno, volverán a salir por provisiones. El hambre no se detiene.

Qué bueno cuando nuestras organizaciones pueden llenarse de elogios y reconocimientos como los citados párrafos atrás. Pero que eso no nos detenga en mejorar nuestros procesos, en proveer soluciones cada vez más ajustadas a las necesidades de nuestros clientes internos y externos, en abrazar la digitalización y valorar cada aspecto del entorno que nos incomode y nos saque de ese sentimiento de conformismo en que todos caemos ocasionalmente.

Tengamos organizaciones y equipos de trabajo que sean como ese atleta que va primero en una carrera: cada paso que da es para saciar su apetito de triunfo y logro.

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Ya hemos escrito sobre el enfoque, el instinto y la determinación de las hormigas en esta serie de artículos. Podés revisar los artículos en mi blog, que está a tu disposición.

Y, si te gustan los podcast, ¡te comento que acabo de estrenar el mío! Es un espacio de pequeñas reflexiones sobre la vida, la motivación, el liderazgo y la superación personal y profesional. Podés escucharlo acá o suscribirte directamente en Spotify.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.


Fabrizzio Ponce
@fabrizzioponce

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