La fórmula para el éxito

Si, yo sé que el título de esta reflexión es cero originalidad. Una búsqueda muy rápida en google de “la fórmula para el éxito” arroja alrededor de 7450 resultados. ¿Cuál será la correcta, cuales las repetidas? Ni idea.

Y yo tampoco traigo una respuesta innovadora, lamento desilusionarte. Porque creo que al final de cuentas y dejando la filosofía y el pensamiento positivo de lado, no hay una fórmula para alcanzar el éxito. Si querés éxito, tenés que actuar. Así de simple.

Nada ocurre sin acción. Los mapas mentales, los diseños, los planes organizacionales, la pizarra de los sueños, nada de ello nos conducirá al éxito. Tan solo son una ilustración, la puesta en papel de un deseo, pero como dicen que el papel aguanta todo lo que le pongan encima, seguramente también aguantará el hecho de que, si no actuamos, ahí se quedarán los deseos.

Acción. Es una palabra pequeña pero poderosa. Es la que nos llevó a descubrir la rueda, el fuego, la cima del Everest, alcanzar la luna. Es la que nos levanta del sillón y nos conduce a mejorar una relación, a reparar una gotera. Es la que nos levanta en la madrugada y nos lleva a cruzar una meta deportiva. Es la que nos saca de un estilo de vida destructivo y nos convierte en personas de bien.

150606-F-ZV089-010

¿Qué podemos llegar a fracasar? ¡Claro que si! Y aunque personalmente no me gusta perder, somos muchos los que hemos descubierto que un fracaso tiene dos virtudes importantes:

  • Nos enseña mucho más que un éxito.
  • Nos recuerda que estábamos actuando, lo cuál por si mismo puede ser un éxito.

Los planes estratégicos están bien, la pizarra de sueños seguramente es bella (yo tengo la mía propia), las declaraciones matutinas pueden ser motivantes. Pero sin acción, no son más que papel.

¿Qué lograrías si te animaras a ponerte en acción? Que esa sea tu mejor éxito: actuar.

Anuncios

La vida es injusta, ¿cierto?

poverty-1274179_960_720

¿Alguna vez te has quejado de que la vida es injusta?

Yo también. ¡Y es que lo es! La vida es tan injusta a veces, que hasta quienes tratamos de inspirar a otros a pensar en lo bueno que tenemos, nos toca hacer un alto y enojarnos por lo que ocurre a nuestro alrededor.

Pero no solo quedarnos ahí. Cualquiera se enoja, cualquiera se indigna o se deprime. Es fácil ser un vocero contra la injusticia en nuestras redes sociales.

Recientemente tuve uno de esos momentos que Dios o el destino te ponen a atravesar para recordarte que la vida es injusta, pero que podemos hacer algo al respecto. No lo cuento por alabarme, hay muchísimas personas en el mundo que también lo hacen y que, inclusive, dedican su vida a ello. Esas personas nos traen esperanza y la buena noticia es que también podemos aportar.

Iba rumbo a una fiesta. En una intersección le vi, parado junto al camino, mirando los carros mientras sostenía una caja llena de golosinas para vender. A su lado, una pequeña bicicleta. Miraba uno por uno los carros, con la esperanza de que alguien le volviera a ver.

¡Cómo duele la indiferencia! Sentí que debía ayudarle con algo, y aunque a veces pasa uno por momentos de estrechez, cuando sentís eso en tu interior no dudás en hacerlo. Al menos, no deberías dudar.

Abrí mi ventana, él sonrió y con dificultad por su condición física se acercó a mi carro. Le di una ayuda, le dije unas palabras de ánimo y aunque no le recibí la golosina que me ofreció, me regaló una sonrisa de agradecimiento.

El semáforo se puso en verde y yo seguí mi camino llevándome un gran aprendizaje. La vida es injusta, pero a veces el solo hecho de bajar el vidrio del carro puede traerle esperanza a alguien y cambiar su vida y la nuestra.

MM81A-1606_INV_PIAPOP_D3000_OPCreo que sería muy útil bajarle un poco la velocidad a nuestro día a día y el volumen a nuestras quejas para que podamos poner más atención y aprovechar las oportunidades que se nos presenten para hacer la vida un poquito más justa.

Al fin y al cabo, el vagón de los quejosos ya está lleno de gente..