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Creo que nadie, conscientemente, quiere que le pasen cosas malas. O, que al menos cataloga como malas.
Quizá se lo deseará a alguien más, ahí alguna vez perdida, ¿pero a si mismo? No, jamás.
Hasta ocasionalmente a veces aparecen gurúes que hablan de evitar las cosas malas, que todo está bien y cosas así. Todo está bien para ellos, eso sí, en el tanto no se te ocurra contradecirlos. Ahí si está mal el asunto.

Suceden cosas malas, ese es el hecho. Sin ir a los extremos de una tragedia o un evento catastrófico, a veces suceden cosas malas. Así es la vida.
Acá lo importante y la reflexión que hay que hacer, es que muchas veces esos eventos malos son importantes. Si, tal cual. Porque terminan siendo una llamada de atención, una invitación a espabilar o, simplemente, una muestra de que estamos caminando y construyendo.
¿Tuviste un mal entrenamiento? Es importante que notés que estabas entrenando.
¿Perdiste un examen o una materia? Pasó porque estabas estudiando y yendo a clases.
¿Terminaste o te terminaron? Estabas siendo valiente al asumir un compromiso sentimental.
Las fallas y los fracasos no nos definen. Nos define la persona que estamos siendo todo el trayecto, nuestros valores, nuestra motivación y, muy importante también, el lugar al que queremos llegar.
No dejemos de equivocarnos ni de fracasar. Al final de cuentas, podemos aprender algo e iniciar de nuevo.
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