Malabarismo y camisetas de manga corta en la empresa

Crisis.

Recortes, de personal y de presupuesto.

Incertidumbre.

Son solo tres situaciones de las muchas que se viven día a día en las organizaciones en los últimos años. A veces vienen juntas, otras separadas y otras veces, cual si fueran parte de una receta, se les añaden más situaciones extra.

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Y mientras tanto, a lo interno de la organización, todo el equipo de trabajo haciendo las de un malabarista. O al menos, la mayoría de ellos.

Todos los hemos visto, ¿cierto? Cuando ando por la ciudad –y me parece que el fenómeno no es exclusivo de Costa Rica- veo en ciertos cruces y semáforos a grupos de muchachos haciendo malabares. Usan machetes, balones, palos y hasta antorchas con fuego. Despiertan mi admiración, ya que este servidor no logra hacer malabares ni con dos bolas pequeñas de plástico (lo des-coordinado venía en mi paquete de inicio al nacer, ni modo).

Y así como admiro a los malabaristas en la calle, admiro también a quienes, dentro de las paredes de una organización, deben lidiar con mil cosas a la vez, producto de los eventos y situaciones del día a día y que, además, lo hacen dentro de un entorno difícil.

¿Cómo crear equipo cuando todos buscan llevar agua a su propio molino para sobrevivir?   

Se antoja titánica la tarea. En especial porque, como lo escribí líneas atrás, solo una parte del equipo es la que lleva la mayor carga, de trabajo, de ansiedad, de estrés.. y de desmotivación. La otra parte seguramente está más relajada con su camiseta de manga corta.

Las empresas deben ser rentables para sobrevivir, sí. Pero hay elementos que deben estar alineados para lograr ese objetivo y de todos ellos, hacer equipo es primordial.

En los próximos artículos iremos trabajando y aportando valor sobre ese tema. Y si necesitás apoyo de forma más cercana para tu equipo de trabajo, podés contactarme por acá.

¡Éxitos y a por todo!

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Ayudo a crear personas y equipos de alto desempeño por medio de procesos de acompañamiento. Pedí información y suscribite a mi boletín en este link y recibí información de valor y anuncios de actividades todas las semanas.  
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Hasta siempre, Ñañín..

Si participaba en un concurso de belleza, lo ganaba.Ñañi

Si necesitaba construir un residencial de setenta casas, iba y lo construía.

Si se quería ir para la playa con sus tres hijos pequeños, agarraba el bus y se iba.

Esa era mi mamá, quien se nos adelantó a la Morada Eterna el pasado mes de julio. He pasado estos meses un poco desconectado porque aún cuesta digerirlo.

No espero ser entendido, porque solo el que pasa por un lance en nuestras circunstancias llega a tener una idea, nada más. Y tampoco se lo deseo a nadie.

Ella siempre iba hacia adelante y la mayoría de las veces haciendo lo que le daba la gana. Así era la cosa. Hasta en sus últimas semanas lo hizo. Y no hubo nada que reprochar, porque siempre fue pensando en el bienestar de quienes amó.

Ya no está con nosotros, pero nos dejó lo mejor de sí: su fe, su amor y el ejemplo de una vida de empeño, de lucha, de entrega y de intentarlo hasta el final. Y aunque su ausencia no la llenará nada ni nadie, siempre estará su recuerdo.

Ya está disfrutando de las bondades dela vida eterna, junto a sus papás, sus hermanos, sus abuelos y los amigos que se habían adelantado.

Y también está con Jona. ¿Cómo habrá sido el abrazo que se dieron al reencontrarse de nuevo?

¡Hasta siempre, Ñañín, algún día nos volveremos a encontrar en la eternidad!  

 

¿Es suficiente el 100%?

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Son curiosas las formas en que expresamos la idea del compromiso absoluto: ‘ponernos la camiseta’, ‘dar el 100%’, ‘los ojos en el objetivo’, ‘pies en la tierra, mirada en el cielo’, etc. No los critico, al contrario, son necesarios en ocasiones. Nos ayudan a recordar la necesidad de esforzarnos, ya que en la vida nada viene de gratis. O nosotros o alguien más, pero siempre hay un precio que pagar.

Personalmente, reflexionaba en estos días sobre este tema. Y hubo una frase en particular que caló hondo en mis pensamientos. Dar el 100%’. ¿Será suficiente con eso?

Probablemente, para lograr una meta concreta si, dar el 100% nos permite alcanzarla a satisfacción. Quiere decir que usamos eficientemente todos los recursos necesarios para la consecución del objetivo. Estudiamos las dos horas diarias, nos ajustamos al plan de alimentación, hicimos las llamadas necesarias, etc. Logramos el objetivo.

Pero, ¿y si voy un paso más allá? ¿Si en lugar del 100% doy el 101%? ¿Qué sucede cuando camino esa ‘milla extra’?

La ilustración de la milla extra la tomo de los Evangelios. Sin entrar en temas de teología –que no es mi campo, la ilustración me dice que algo sucede en esa milla extra. La veo como una milla milagrosa, donde ocurren cosas inesperadas y espectaculares. Hay un antes y un después de recorrerla.

Recientemente, mientras hacia una sesión de entrenamiento de atletismo en la pista, conversaba conmigo mismo del momento que estoy atravesando en mi vida y de mis ideas a futuro, cuando vino de nuevo a mi la famosa frase de dar el 100%. Entonces empecé a intrigarme a mi mismo: ¿y si das el 101% acá mientras entrenas? ¿Tenés el hambre suficiente para lograr competir donde querés hacerlo? ¿Podrás alcanzar la velocidad para tu evento anhelado?

Si, estaba dando el 100% y aún tenía hambre. Empecé a ganarme un par de segundos por cada cien metros recorridos. No parece mucho, es cierto. Pero a la velocidad que estaba entrenando, ya representaba algo. Estaba corriendo mi milla milagrosa.

Estoy en el proceso de adaptarlo al resto de mi vida. No sé qué traerá la vida mañana, el próximo mes, el próximo año. Eso nadie lo sabe, entonces no debe preocuparnos. Nuestra ocupación, más bien, es en el aquí y en el ahora. Trascender. Dar el 101%. Caminar la milla milagrosa.

Los milagros existen, y nosotros tenemos el poder para lograr algunos cuantos. ¡A caminar!

Ver la vida con otros ojos

¿Que ves en esta imagen?

PetaPixel

Se dice por ahí que el mundo no es como lo vemos, sino como lo interpretamos. Y lo interpretamos de acuerdo a nuestras experiencias vividas, que obviamente son muy propias y que han moldeado nuestra manera de ser y actuar al día de hoy.

Por eso es que, en las últimas semanas, me ha llamado la atención la facilidad con que nos arrojamos el derecho de tildar de ‘ignorantes’ a quienes piensan diferente que nosotros. ¿Será que, por generación espontánea, ya absorbimos todo el conocimiento del universo y ahora si, somos una especie de enciclopedia andante capaces de irradiar luz a todo aquel que nos rodea?

A Albert Einstein se le atribuye aquello de que todos somos muy ignorantes, lo que sucede es que no todos ignoramos las mismas cosas.  La forma en que tomás tus decisiones y las decisiones que tomás, la forma en que vestís, la forma en que te expresás, todo es producto de esa manera particular de ver la vida. Y el que lo hagamos de un modo o del otro, no quiere decir que sepamos más que otro. Seguramente sabemos algo que los demás no, pero sucede lo mismo a la inversa.

Cuando nos atrevemos a ver la vida con otros ojos, a ponernos los zapatos de los demás,  a tratar de entender porqué piensan y actúan cómo lo hacen, podremos descubrir cosas muy interesantes sobre ellos, revelaciones que probablemente vayan a cambiar nuestra forma de relacionarnos y, poniéndonos en el papel de líderes, nos empujarían a buscar una mejor forma de ponernos a su servicio.

¿Que fue lo primero que viste en la imagen de arriba? Hay varios elementos en cada cuadro, aparte de un excelente montaje. Lo que quiero decir es que, lo que hayás visto en el orden que fuera, estuvo bien. No hay que sentirse mal por haber visto primero la silueta de los animales y de último al bebé –como me ocurrió a mi.

Aprendamos a ver la vida con otros ojos. Es clave para la construcción de mejores personas, organizaciones y sociedades.

Foto: PetaPixel

La fórmula para el éxito

Si, yo sé que el título de esta reflexión es cero originalidad. Una búsqueda muy rápida en google de “la fórmula para el éxito” arroja alrededor de 7450 resultados. ¿Cuál será la correcta, cuales las repetidas? Ni idea.

Y yo tampoco traigo una respuesta innovadora, lamento desilusionarte. Porque creo que al final de cuentas y dejando la filosofía y el pensamiento positivo de lado, no hay una fórmula para alcanzar el éxito. Si querés éxito, tenés que actuar. Así de simple.

Nada ocurre sin acción. Los mapas mentales, los diseños, los planes organizacionales, la pizarra de los sueños, nada de ello nos conducirá al éxito. Tan solo son una ilustración, la puesta en papel de un deseo, pero como dicen que el papel aguanta todo lo que le pongan encima, seguramente también aguantará el hecho de que, si no actuamos, ahí se quedarán los deseos.

Acción. Es una palabra pequeña pero poderosa. Es la que nos llevó a descubrir la rueda, el fuego, la cima del Everest, alcanzar la luna. Es la que nos levanta del sillón y nos conduce a mejorar una relación, a reparar una gotera. Es la que nos levanta en la madrugada y nos lleva a cruzar una meta deportiva. Es la que nos saca de un estilo de vida destructivo y nos convierte en personas de bien.

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¿Qué podemos llegar a fracasar? ¡Claro que si! Y aunque personalmente no me gusta perder, somos muchos los que hemos descubierto que un fracaso tiene dos virtudes importantes:

  • Nos enseña mucho más que un éxito.
  • Nos recuerda que estábamos actuando, lo cuál por si mismo puede ser un éxito.

Los planes estratégicos están bien, la pizarra de sueños seguramente es bella (yo tengo la mía propia), las declaraciones matutinas pueden ser motivantes. Pero sin acción, no son más que papel.

¿Qué lograrías si te animaras a ponerte en acción? Que esa sea tu mejor éxito: actuar.

Todo para ¡ya!

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Y es que el tiempo apremia, ¿no? Entonces recurrimos al microondas, al servicio express (llevándole el tiempo de la entrega), a los resúmenes de los libros, a los atajos, al proveedor que lo entregue más rápido (aunque luego haya que volver a hacer el pedido porque venía mal)…

El sistema en que vivimos nos empuja a eso, a la rapidez, a la inmediatez, a quererlo todo ya. Hasta hay quien le pide paciencia a Dios, pero que se la dé ya mismo. Todo es competencia, corremos de un lado al otro, tratamos siempre de demostrar que somos los mejores e insuperables, nos enojamos, nos ponemos ansiosos si el que va delante camina más despacio, pitamos cuando el semáforo se pone en verde (aunque seamos el décimo octavo carro de la fila)… Terrible. Y no quisiera pensar en más ejemplos para no ponerme ansioso yo también.

¿Cuándo fue que olvidamos el deleite de disfrutar el momento? No me malentiendan: no es aquello de hacer cualquier disparate que se nos ocurra por la prisa (volvemos a lo mismo) de disfrutar el momento porque la vida puede ser muy corta. Me refiero a esa pausa en medio de nuestro trajín para poder disfrutar lo que estamos haciendo, lo que nos estamos comiendo, lo que estamos conversando, incluso lo que nos estamos diciendo a nosotros mismos.

Cuando hacemos ese tipo de pausas, la vida recobra el sentido y el gusto que ya de por si tiene. Admirar una puesta de sol, el paisaje de las montañas, la sonrisa de un niño, sentir y disfrutar esas emociones que nos producen las cosas buenas de la vida, que la tiene y muchas. Lo he dicho y escrito en otras ocasiones: si tan solo bajáramos las revoluciones, la velocidad, los decibeles, ¿qué cosas descubriríamos? ¿De qué nos estamos perdiendo por llevar la vida de forma tan vertiginosa?

Mi invitación hoy es a que la llevemos más despacio, la vida quiere sorprendernos y estoy seguro que agradeceremos habernos dejado sorprender.