Efecto Liderazgo – Programa 53

En este programa de Efecto Liderazgo estuve comentando los desafíos que presenta liderar y convivir con varias generaciones en una organización.

Te invito a sintonizarlo, todos los viernes a las 5:00 pm (hora centroamericana) a través de Radio Costa Rica 930 AM, su transmisión vía facebook live y web y posteriormente en diferido a través de Canal 19.

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Vos no asustás a nadie…

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Siempre hay dos caras en una misma moneda. Con nosotros sucede igual, ahí hay dos caras en la misma moneda, solamente que no siempre somos conscientes de ello.

Esto se acentúa cuando hablamos o pensamos sobre las cosas negativas, o que no nos salen muy bien. Ya sabés, esos intentos que hicimos en algún momento, donde nos esforzamos, lo intentamos, tocamos puertas, la ‘pulseamos’.. y zas, terminaron en nada.

Solemos ser muy duros con nosotros mismos o con quienes nos rodean y no necesariamente por maldad. Es por la necesidad que tenemos de evaluar, de medir, de controlar todo, de averiguar y llegar a conclusiones. Eso no está mal, todos recordamos aquella famosa frase de que ‘si no se mide, no se controla y no se puede mejorar’.

Como administrador de negocios empato con esa forma de ver las cosas. Pero, como formador y gestor de talento, tengo muy claro que eso es una cara de la moneda. Falta la observar la otra.

Hay un motivo por el cual se hacen las cosas, hay una intención de hacerlas, hay una ilusión al soñar con ellas. Hay algo detrás de cada evento que hace única e irrepetible la experiencia, por más mala que haya sido. Y es que debemos tener claro que ganar o lograr el éxito no siempre depende de nosotros. Quizá nuestro rival tuvo más hambre de triunfo que nosotros, o que nuestro socio o cliente se echara para atrás en el último instante y listo, no se dieron las cosas.

Pero, insisto, debemos aprender a ver la otra cara de la moneda.

Las últimas semanas tuve la oportunidad de ver la película Monsters University. Por temas de horarios la he visto en partes, sin embargo, creo que ya logré verla en su totalidad. Y quedé enganchado con una de sus frases en las escenas finales.Mike_Wazowski_and_Sulley

Vos no asustás a nadie, Mike, ni siquiera un poco…”. Luego de tocar todas las puertas, de intentarlo de mil y una formas y de luchar hasta el final, Sulley le dice esas palabras a su amigo Mike, que podrían haberle resultado lapidarias. Toda la vida de Mike había sido de lucha, de intentarlo, de proponérselo. Y nada que lo lograba. Sin embargo, las palabras de Sulley, aunque parecieran lapidarias, no lo son. Apenas es una de las caras de la moneda.

Vos no asustás a nadie, Mike, ni siquiera un poco… pero no le temés a nada”.

¿Cuál es la otra cara de la moneda de tu historia?

¿Fuiste el primero de tu familia en lograrlo? ¿Fuiste el único de la clase que lo intentó? ¿Fuiste el que tuvo más ambición y por eso arriesgaste tanto? ¿Te habías visualizado siendo exitoso y por eso lo hiciste?

El resultado es lo de menos, como te escribí antes, el ganar o lograr el éxito no siempre depende de uno. Lo importante y que quiero dejarte como reflexión es que, si vas a evaluarte o a otros, siempre revisá las dos caras de la moneda.

Mike Wazowski no asustaba a nadie, pero eso no fue impedimento para lograr lo que ambicionaba. Las dos caras de la moneda, la historia completa. Así es como debemos mirar las cosas, los eventos, y a nosotros mismos.

Lo que ofrecemos atrae lo mismo

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Hace algunas semanas me dejé llevar por mis ‘emociones viscerales‘ y me involucré en un tipo de discusión que se llevaba a cabo en una red social. Solo argumenté que no hacían falta insultos, ironías o sarcasmos al momento de defender una posición, y lo hice con la intención de apoyar al community manager de una organización.

Supongo que el aludido no me entendió, en vista de que se puso contra mi defendiendo su ‘derecho’ a usar sarcasmos, insultos e ironías. Lo más chistoso es que detrás de él aparecieron más, todos emprendiéndola contra mi.

Ahora bien, silenciosamente me retiré de la escena, dejé de seguir a la empresa esa y listo, no se me cayó un brazo o una oreja debido a los ‘valientes’ ataques que dirigieron contra mi. Bah. Tonterías de niños en redes sociales, de los cuales me reconozco como uno más en el momento.

Lo comentó porque luego de reflexionar, llegué a un par de conclusiones que alguna vez tuve presentes y que la vida me las traía de nuevo a la palestra:

  1. No podemos dar otra cosa que no sea lo que tenemos con/en nosotros.
  2. Atraemos a nosotros solamente a quienes tienen lo mismo para ofrecer.

Pueden parecer frases místicas, pero en la realidad tienen vigencia. Lo comprobé ese día. Hasta parecía que disfrutaban insultarse mutuamente. Definitivamente no es mi ambiente y por eso decidí alejarme, no porque yo sea mejor, sino porque trato de ser diferente y ofrecer algo diferente a quien se cruza conmigo en la vida.

¿Sentís que solo te rodean personas complicadas y pesimistas? Seguramente es por lo que estás ofreciendo a tu entorno. ¿Qué tal si empezamos a ofrecer algo diferente, a ver que pasa? Un pelín de gratitud por acá, un poquito de respeto por allá, una pizca de optimismo y palabras amables de nuevo por acá. No es nada místico ni nuevo, pero es algo de beneficios comprobados.

La derrota te hace crecer

Hay quien dice que ‘la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana’. La frase se le atribuye a Napoleón, el famoso militar y gobernante francés que vivió entre los siglos XVII y XVIII. Y es curioso que la haya pronunciado alguien que ganaba batallas monumentales con la misma facilidad con que le aplastaban a su ejército a la batalla siguiente. ¿La clave? Voy a especular: seguramente Napoleón no se dejaba amedrentar por el miedo o el ‘qué dirán’.

Siempre hacia adelante, no hay otro camino. La sociedad lo necesita, nuestra familia y amigos lo necesitan, nuestras organizaciones también. Y nosotros mismos, diseñados en la eternidad, debemos seguir el curso de la vida, hacia adelante.

Si todos aprendiéramos a valorar lo que nos enseña una derrota, la buscaríamos tan incesantemente como buscamos una victoria: con ganas, con empeño. Al final, a veces, no tenemos nada que perder y si mucho que ganar.

Anímate, preparate, no dejés nada en casa, llévalo todo y salí a buscar que te derroten. Si ganás, estupendo, pero si perdés, asegúrate de aprender la lección.

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El último mes tuve el honor de conocer al equipo de futbol sala de Coronado, donde resido. Conversando con ellos aprendí cosas de mucho valor. Una de ellas: saber que la adversidad nos hace grandes, y si un capricho del destino –como una tanda de penales- nos derriba, siempre podemos elegir levantarnos de nuevo. No logramos superar la serie contra el equipo rival, pero logramos superarnos a nosotros mismos y volvernos más fuertes. De eso se trata.

Mi reconocimiento a los muchachos, ¡lo mejor está por llegar!

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Fútbol sala y diálogos internos

Recientemente tuve la oportunidad de conocer a los muchachos del equipo de Coronado CC de futbol sala, que está en las rondas finales de muerte súbita buscando el ascenso a la Liga Premier en Costa Rica y con quienes estamos compartiendo unas sesiones de formación y acompañamiento, buscando tomar conciencia de nuestros diálogos internos y cómo gestionarlos de forma que podamos alcanzar nuestro potencial como deportistas.  20728223_699412090247606_4672056547731049851_n

La tercera, mi Tercera

Un día que arranca diez minutos antes que suene la alarma, donde lo primero que agradecés es la vida tuya y la de tu familia, donde estás motivado y feliz que haya llegado ese día y donde te levantás de una a alistarte sabiendo que será un día espectacular y memorable, fijo que tiene que ser un gran día.

Aunque ese día sea un domingo.

Aunque sean las 2:00 am.

Aunque lo que te esperan son unos 42 kilómetros muy duros por correr.

Mi tercera maratón, la Tercera, tuvo algunos elementos que la harán especial: estaba en mi país, en una ruta conocida, rodeado de amigos. Fue la primera maratón en la que tuve el atrevimiento serio de ponerme un tiempo objetivo y correr en base a él. Me visualicé de cabo a rabo en ella, incluyendo la mueca de dolor de las cuestas del cierre. Al final de cuentas, ¿quién va a una maratón y no sufre? La prueba reina del atletismo te ubica: planificación, entrega, preparación, actitud. Nada escapa a su escrutinio, claro, si la tomás realmente en serio.

Atrás quedaron los meses de preparación, las dolencias físicas, las sesiones sin terminar completas o sin hacer del todo, las inquietudes y ansiedades. También, por ese día, quedarían atrás los momentos emocionales difíciles y las incertidumbres normales de un carajo de 41 años, profesional independiente y que va a ser padre de nuevo.

Ese domingo a partir de las 5:00 am y durante un poco menos de cuatro horas seríamos Correcaminos y yo, ella deseando ubicarme y yo deseoso de demostrarle la madera de la que estoy hecho.

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Junto a Tavo y a Anyo. Foto: Correcaminos Costa Rica

El primer contratiempo, el traslado, lo solucioné rápido con la ayuda de Gre. El cambio de planes me alteró un poco la logística, ¡pero que diantres! Ya no había marcha atrás.

En la salida estuve con Tavo y con Anyo, amigazos. La tertulia y el vacilón fueron el ambiente ideal para estar tranquilo. Correcaminos no me derrotaría. Salimos. El clima estaba perfecto. Los primeros kilómetros en Cartago fueron como cualquier otra carrera que he corrido en mis doce años como corredor popular, incluso hasta corriendo al mismo pace que hacía en mis inicios. No había prisa, aún quedaban más de 35 kilómetros por delante.

Kilómetro 13, empezaba lo bueno. La subida al Ochomogo, kilómetro y medio de ascenso. El plan en el papel era subirlo y bajarlo despacio, un total de seis kilómetros para guardar gasolina para el final. Pero estaba corriendo la Tercera, así que la idea se quedó en el papel.

Kilómetro 21, en Tres Ríos. La mitad de la carrera, ahora si, técnicamente empezaba la carrera. Me sentía con fuerza, ánimo y motivado al ir con el pace adecuado. Al kilómetro 26 me encontró Jorge, uno de los entrenadores de Hypoxic. Le dije que iba bien pero iba a llegar ajustado a la meta. Yo sabía que la bajada tan larga desde Ochomogo iba a golpear, pero, ¿quién va a una maratón y no sufre?

Kilómetro 32. De ahí habían salido los que corrían 10k, y para mi empezaba el cierre. A partir de ahí veríamos a ver de qué estaba hecho. La subida al Parque Nacional dolió. El paso por San José fue rápido, sin desconcentrarme y empezando a racionar pasos y zigzagueos innecesarios.

Los últimos 5 kilómetros fueron un recordatorio de que al maratón hay que respetarlo antes y durante el evento. Cuando las fuerzas fallan, cuando los músculos colapsan, cuando el organismo empieza a pedir un ‘tiempo fuera’, solo quedas vos luchado. Luchás contra el recorrido, el cansancio, contra tu mente y tus pensamientos, contra tu cuerpo. En resumen, luchás contra vos mismo.

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Kilómetro 39. Foto: I chose to run

En mi caso, no me cuestioné qué estaba haciendo allí, eso estaba claro. Estaba en una sesión más de autoconocimiento. Pero fueron kilómetros donde iba por inercia, guiado por la sensación de gloria, de medir el tamaño de mi determinación, de demostrarle a Correcaminos y al mundo que, mientras haya vida, salud y fuerza, hay que luchar. Como un boxeador al que luego de una tunda, se levanta y lanza un nuevo reto. O como el niño que aprendiendo a caminar se levanta y lo intenta de nuevo, vez tras vez. Así iba yo.

Fueron cinco kilómetros de ver amigos apoyándote, de escuchar que te aplauden, que te lanzan gritos de ánimo. También fueron cinco kilómetros de dolor, pero cuando ves a tu esposa embarazada y a tu hijo de tres años esperándote a 200 metros de la meta, se te olvida todo. Ahí no había opción de rendirse.

Del cierre no hay mucho que decir. Esta vez no derramé lágrimas pese a conmoverme en dos momentos de la carrera. Iba ceñido en llegar, pero siempre agradecí por mi hermano Jona, por mi familia, por mi entrenador y mis amigos. Agradecí por la salud, por poder correr y porque aunque no sea el mejor de Sus hijos, Dios siempre ha sido el mejor Padre.

Y con un beso al cielo, a mi anillo de bodas y un grito desde el fondo del alma, entré a la meta. Con la gasolina justa y por unos cuantos minutos más de lo estimado, si, pero ahí estaba. No se termina hasta que se termina. Correcaminos me ubicó: el maratón se respeta, se entrena y a pesar del dolor, se disfruta.

Yo, a cambio, le dejé claro de qué madera estoy hecho. Y desde ya pensando en la Cuarta. No sé cuándo, no sé dónde, no hay prisa. Pero, si Dios lo permite, vendrá. Por mientras, tengo presente que la vida está llena de cosas buenas y hay que disfrutarlas todas…

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Foto: Grettel Jiménez

Construyamos liderazgo

Seguramente a vos también te sucede: el whatsapp es fuente inagotable de mensajes, memes, chistes y pensamientos a diario, en especial si estás en más de un grupo de chat.

No lo veo mal, de vez en cuando hay algunos que logran hacerWhatsapp (LOGO) (11)me reír y otros me invitan a la reflexión. Justamente por esa última razón es que quise aprovechar la aplicación, crear una comunidad y poner a disposición de quien quisiera unirse reflexiones en audio que nos permitan mejorar nuestras habilidades en liderazgo.

En otras ocasiones he escrito sobre ello y en algunos de los programas de radio Efecto Liderazgo he hecho hincapié en que líder no es, necesariamente, el que dirige o manda desde una posición jerárquica, sino que el líder es aquel que potencia, influye e inspira a otros. Y desde ese marco, todos podemos llegar a ser líderes. La pregunta es: ¿influencio para bien o influencio para mal?

¿Te apuntás a unirte a nuestra comunidad Construyamos liderazgo? En este link están los parámetros para participar (no te preocupés, no son muchos 🙂 ) y si querés hacerlo, mandame un mensaje por whatsapp al 00-(506)-8712-4591, te agrego y listo, a aprender en comunidad.

Ah, y como es por whatsapp, no importa en que lugar del mundo estés. ¡Te esperamos!

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