Ver la vida con otros ojos

¿Que ves en esta imagen?

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Se dice por ahí que el mundo no es como lo vemos, sino como lo interpretamos. Y lo interpretamos de acuerdo a nuestras experiencias vividas, que obviamente son muy propias y que han moldeado nuestra manera de ser y actuar al día de hoy.

Por eso es que, en las últimas semanas, me ha llamado la atención la facilidad con que nos arrojamos el derecho de tildar de ‘ignorantes’ a quienes piensan diferente que nosotros. ¿Será que, por generación espontánea, ya absorbimos todo el conocimiento del universo y ahora si, somos una especie de enciclopedia andante capaces de irradiar luz a todo aquel que nos rodea?

A Albert Einstein se le atribuye aquello de que todos somos muy ignorantes, lo que sucede es que no todos ignoramos las mismas cosas.  La forma en que tomás tus decisiones y las decisiones que tomás, la forma en que vestís, la forma en que te expresás, todo es producto de esa manera particular de ver la vida. Y el que lo hagamos de un modo o del otro, no quiere decir que sepamos más que otro. Seguramente sabemos algo que los demás no, pero sucede lo mismo a la inversa.

Cuando nos atrevemos a ver la vida con otros ojos, a ponernos los zapatos de los demás,  a tratar de entender porqué piensan y actúan cómo lo hacen, podremos descubrir cosas muy interesantes sobre ellos, revelaciones que probablemente vayan a cambiar nuestra forma de relacionarnos y, poniéndonos en el papel de líderes, nos empujarían a buscar una mejor forma de ponernos a su servicio.

¿Que fue lo primero que viste en la imagen de arriba? Hay varios elementos en cada cuadro, aparte de un excelente montaje. Lo que quiero decir es que, lo que hayás visto en el orden que fuera, estuvo bien. No hay que sentirse mal por haber visto primero la silueta de los animales y de último al bebé –como me ocurrió a mi.

Aprendamos a ver la vida con otros ojos. Es clave para la construcción de mejores personas, organizaciones y sociedades.

Foto: PetaPixel

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La fórmula para el éxito

Si, yo sé que el título de esta reflexión es cero originalidad. Una búsqueda muy rápida en google de “la fórmula para el éxito” arroja alrededor de 7450 resultados. ¿Cuál será la correcta, cuales las repetidas? Ni idea.

Y yo tampoco traigo una respuesta innovadora, lamento desilusionarte. Porque creo que al final de cuentas y dejando la filosofía y el pensamiento positivo de lado, no hay una fórmula para alcanzar el éxito. Si querés éxito, tenés que actuar. Así de simple.

Nada ocurre sin acción. Los mapas mentales, los diseños, los planes organizacionales, la pizarra de los sueños, nada de ello nos conducirá al éxito. Tan solo son una ilustración, la puesta en papel de un deseo, pero como dicen que el papel aguanta todo lo que le pongan encima, seguramente también aguantará el hecho de que, si no actuamos, ahí se quedarán los deseos.

Acción. Es una palabra pequeña pero poderosa. Es la que nos llevó a descubrir la rueda, el fuego, la cima del Everest, alcanzar la luna. Es la que nos levanta del sillón y nos conduce a mejorar una relación, a reparar una gotera. Es la que nos levanta en la madrugada y nos lleva a cruzar una meta deportiva. Es la que nos saca de un estilo de vida destructivo y nos convierte en personas de bien.

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¿Qué podemos llegar a fracasar? ¡Claro que si! Y aunque personalmente no me gusta perder, somos muchos los que hemos descubierto que un fracaso tiene dos virtudes importantes:

  • Nos enseña mucho más que un éxito.
  • Nos recuerda que estábamos actuando, lo cuál por si mismo puede ser un éxito.

Los planes estratégicos están bien, la pizarra de sueños seguramente es bella (yo tengo la mía propia), las declaraciones matutinas pueden ser motivantes. Pero sin acción, no son más que papel.

¿Qué lograrías si te animaras a ponerte en acción? Que esa sea tu mejor éxito: actuar.

Todo para ¡ya!

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Y es que el tiempo apremia, ¿no? Entonces recurrimos al microondas, al servicio express (llevándole el tiempo de la entrega), a los resúmenes de los libros, a los atajos, al proveedor que lo entregue más rápido (aunque luego haya que volver a hacer el pedido porque venía mal)…

El sistema en que vivimos nos empuja a eso, a la rapidez, a la inmediatez, a quererlo todo ya. Hasta hay quien le pide paciencia a Dios, pero que se la dé ya mismo. Todo es competencia, corremos de un lado al otro, tratamos siempre de demostrar que somos los mejores e insuperables, nos enojamos, nos ponemos ansiosos si el que va delante camina más despacio, pitamos cuando el semáforo se pone en verde (aunque seamos el décimo octavo carro de la fila)… Terrible. Y no quisiera pensar en más ejemplos para no ponerme ansioso yo también.

¿Cuándo fue que olvidamos el deleite de disfrutar el momento? No me malentiendan: no es aquello de hacer cualquier disparate que se nos ocurra por la prisa (volvemos a lo mismo) de disfrutar el momento porque la vida puede ser muy corta. Me refiero a esa pausa en medio de nuestro trajín para poder disfrutar lo que estamos haciendo, lo que nos estamos comiendo, lo que estamos conversando, incluso lo que nos estamos diciendo a nosotros mismos.

Cuando hacemos ese tipo de pausas, la vida recobra el sentido y el gusto que ya de por si tiene. Admirar una puesta de sol, el paisaje de las montañas, la sonrisa de un niño, sentir y disfrutar esas emociones que nos producen las cosas buenas de la vida, que la tiene y muchas. Lo he dicho y escrito en otras ocasiones: si tan solo bajáramos las revoluciones, la velocidad, los decibeles, ¿qué cosas descubriríamos? ¿De qué nos estamos perdiendo por llevar la vida de forma tan vertiginosa?

Mi invitación hoy es a que la llevemos más despacio, la vida quiere sorprendernos y estoy seguro que agradeceremos habernos dejado sorprender.

Regresar   

Dicen que uno siempre regresa a donde se sintió a gusto. Es un tipo de reencuentro motivado por una experiencia especial que tuvimos y que quisiéramos perpetuar.

Y creo que es normal, en nuestra búsqueda de la felicidad y el éxito siempre experimentamos momentos y conocemos lugares que nos regalan una sensación única. Y es muy importante tener ese tipo de experiencias porque nos ayudan a disfrutar el viaje.

Uno de los peligros que enfrentamos en la andanza diaria es creer que solo cuando logremos la meta es disfrutaremos de nuestro logro. Eso es cierto, pero es solo parte de la historia. Es necesario que también aprendamos a disfrutar del proceso, del camino que estamos recorriendo.

Muchas veces, la ansiedad que nos provoca la vida no es necesariamente tal cosa, sino que nosotros mismos nos la provocamos. Vivimos ciegos a los pequeños milagros y alegrías de cada día, por la autoimpuesta obligación de postergar el disfrute hasta que hayamos terminado todo.

¿Y si al final no logramos llegar?

Nos habremos perdido de muchas de esas pequeñas alegrías y momentos de emoción que la vida nos ofrece.

Este año, uno de mis propósitos fue regresar a hacer triatlón. Tenía más de tres años de no participar en uno. Y ya empecé. Fui sin la preparación que habría querido, ¡pero que diantres! ya hice el primero del año y, para ser consistente con lo que te escribo hoy, lo disfruté. Ya vendrán mejores competencias, pero hoy por hoy estoy disfrutando de mi regreso a una actividad deportiva donde me he sentido muy a gusto.

¡Por muchos triatlones y emociones más!

TriTNT

Fotos: Propias y de Fabián Loaiza para Grupo Publicitario

¡Hacia adelante!

Sin título

Desde su aparición hará unos cuatro mil años, el mantra ha estado ligado a la parte mental de la persona. Como deportista popular, he notado que muchos quienes compiten a nivel profesional tienen los suyos: el futbolista que entra al terreno de juego y salta, el que se inclina a rezar, el atleta que se persigna, el que se repite a si mismo unas palabras de aliento con los ojos cerrados, etc.

Yo mismo tengo el mío al momento de practicar deporte, que más bien es la forma en que cierro mi participación en los eventos deportivos. Al final de cuentas, eso del mantra es personal, ¿no?

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar con un grupo de líderes deportistas. Son un grupo de personas muy valiosas que están transformando su día a día y el de sus compañeros en el centro penal donde están recluidos. Ellos me regalaron el espacio para poder compartir una pequeña capacitación, y dentro de lo que hablamos, iba unos puntos que estoy transformando en mi frase mantra:

  • Me conozco
  • Sé para dónde voy
  • Tomo decisiones
  • Tengo éxito

Cada uno de esos puntos es un aspecto que estoy mejorando de mí mismo, analizando y tratando de pulir. Es un esfuerzo grande y de compromiso diario, pero acá voy, repitiéndolo con la vista al frente. Y te lo comparto para animarte a que lo usés o hagás el tuyo propio y juntos caminemos hacia el éxito.

¡Ánimo! Vamos con todo hacia adelante.

¡Feliz año nuevo!

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Siempre iniciamos un año pensando en los propósitos que nos hacemos y con la esperanza de realizarlos. Y eso está bien, creo que es importante saber para dónde vamos para así tomar las mejores rutas y alternativas que nos van surgiendo a lo largo del año.

Y es que algo he aprendido con los años: muchas veces, por más planes, por más deseos, a veces la situación no sale como esperamos. Puede resultar desconcertante en el momento y no es algo muy popular, pero la realidad es que tenemos que aprender a improvisar y aceptar que tenemos el control de muy pocas cosas en la vida.

Así que debemos aprender a aceptar las desviaciones, las pausas y los reinicios como algo normal, que pueden perfectamente visitarnos a lo largo de los próximos trescientos sesenta y cinco días. Y no solo aceptarlos, sino lidiar con ellos de la mejor manera, sin perder de vista el objetivo que nos hemos trazado.

Aprendamos también a mantenernos positivos y agradecidos con todo lo que venga, con lo bueno porque nos motiva a seguir adelante y con lo no-tan-bueno porque seguramente algo quiere enseñarnos.

¡Que tengás un 2018 lleno de emociones, dicha y prosperidad!