Las metas de año nuevo son sólo la mitad

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Los cierres e inicios de año por lo general van del mismo modo: una ligera reflexión y una gran propuesta de nuevas metas. Es interesante como empezamos a ver y escuchar podcast, artículos en revistas, medios y blogs y conversaciones donde todo apunta a lo que viene o, al menos, lo que planeamos que venga.

Este 2022, en particular, me recordó que las cosas pueden cambiar tan rápido que para el fin de año más bien es necesario hacer un ajuste en el enfoque de cara al siguiente año.

Al final de cuentas, pasar del 31 de diciembre al 1° de enero es, literalmente, como pasar de un miércoles a un jueves. Quitemos las fiestas y los fuegos artificiales y realmente es eso. Sin embargo, el componente emocional es lo que lo hace diferente y, junto con la alegría de un año más y la cercanía de quienes amamos, trae esperanza a nuestros corazones de que las cosas serán mejor.

Allí entran las metas: son el camino que esperamos recorrer los siguientes meses y representan un estímulo y un impulso necesarios para seguir adelante con nuestros proyectos de vida. Son como el aceite de nuestro motor.

Pero, ¿serán lo mejor? ¿Serán la única forma de inspirarnos?

Puede que ponerse metas de año nuevo sea sólo la mitad de lo que debiéramos hacer.

Te decía líneas atrás que este 2022 fue muy particular para mí en el sentido de que, en ocasiones, las metas no se cumplen pero llegamos a otros sitios que también son agradables. Metas que no teníamos planeadas pero se dieron. Sorpresas que da la vida.

Y por ello es que he estado meditando más en lo que llegó este año que en lo que espero para el siguiente. Y lo he hecho pensando en una idea que leí recientemente y que sale del libro “The Gap and The Gain”, escrito por Dan Sullivan.

En términos muy generales, dice que las personas suelen poner el foco de atención en lo que les falta para llegar a una meta, o en la brecha aún no cubierta del camino planeado. Dependiendo del momento emocional en que se esté, los pensamientos respecto a esa brecha pueden representar un lastre que termina por restar motivación y velocidad. Puede ser que el único instante en que se detiene la maquinaría es para analizar cuanto hace falta y seguir la loca carrera hacia adelante. No lo digo en mal rollo, se puede ver como una actitud de enfoque y eso está bien. Pero, nuevamente, dependiendo del momento y las emociones, la brecha por cubrir puede ser algo difícil de asimilar.

 Es lo que hacemos el 15 de enero, cuando nuestros cuerpos ya apaleados miran con desesperación que aún tenemos los rollitos de los excesos de fin de año, que nos duele hasta el cabello y que de los siete kilos que pensábamos bajar en enero, ya solo nos faltan nueve.

Ese es un ejemplo jocoso y extremo. También puede ser que no aparezcan aún los clientes que necesitamos, que las cotizaciones enviadas no hayan tenido respuesta o que el proceso de selección en que estamos involucrados no avance. Hay muchas cosas que pueden ilustrar esa brecha entre el lugar dónde estamos y el lugar donde queremos –y necesitamos- llegar.

No obstante, es muy útil echar la mirada para atrás ocasionalmente.

Para llegar al momento y al lugar en que estamos, hemos atravesado multitud de lugares, experiencias y vivencias que son las que nos han construido hasta hoy. Esa es nuestra ganancia, es lo que hemos cosechado y que nos permite ser quienes somos y tener lo que tenemos, que para bien o para mal, ahí está.

No siempre somos conscientes de ella porque, precisamente, tenemos la inclinación a pensar mucho más en el gap o en la brecha adelante y poquísimas veces nos damos la libertad de ver lo que hemos logrado. Ni se diga reconocernos a nosotros mismos por lo alcanzado. Nada. La exigencia es solamente buscar más, trascender, abarcar más.

Y ya sabemos lo que suele suceder con el que mucho abarca.

El 2022 me dejó muchísimas cosas buenas. Esta es parte de mi ganancia. Lo primero, obviamente, es agradecer la salud de los míos. Pero también me dejó un libro publicado nuevo y una empresa de RRHH en conjunto con una amiga y colega. Y, aunque estaban en el radar al iniciar el año, las cosas se dieron para iniciar y ya casi concluir mi Máster y correr mi quinta maratón.

Cada una de ellas tiene su propia historia. El asunto es que ahora decidí tomar el tiempo y no solamente ver la brecha para lo que aún no consigo, sino darme cuenta de lo que gané estos últimos doce meses. Me siento agradecido y por ello reafirmo mi compromiso de estar a la disposición con mis contenidos y mis programas de formación para personas y empresas, ya que quiero compartir también de lo mucho que he recibido.

Este fin de año te invito a tomar el tiempo y que no solo pensés en metas, sino también en las ganancias con que has sido bendecido.

¡Estoy seguro que han sido muchísimas!   

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Un comentario en “Las metas de año nuevo son sólo la mitad

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