Amiga, amigo, date cuenta

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Por lo general, vamos por la vida en automático.

Lo normal es que nos atrape el día a día. Reuniones, ajetreos, pendientes, carreras para acá, carreras para allá, luego de vuelta para acá.

Es como un remolino que nos va sumergiendo poco a poco.

Es muy difícil escapar, ¿cierto?

Las notificaciones nos bombardean, los email no dejan de llegar, el tránsito va lento, la conexión a internet es inestable, la batería del móvil agoniza y nosotros con ella.

Pero, ¿para qué escapar si todos estamos igual? ¿Cuál es el estrés?

Es que la vida se nos escapa como los granos de arena escapan de nuestras manos.

Ah, y somos infelices y estamos insatisfechos.

Ese es el punto.

Podemos estar atareados y con muchos enredos a veces, pero no hay que estar necesariamente ni insatisfecho ni ser infeliz.

Y pasa porque no nos damos la oportunidad de ver, de darnos cuenta.

Amiga, amigo, ¡date cuenta!

Si te dieras cuenta, verías lo mucho que tenés.

Verías cada pequeño milagro que ocurre a tu alrededor todos los días.

Aprenderías el valor de darte a otros. No dar migajas o sobras, sino darte vos por completo.

Agradecerías por lo bendecida/o que sos.

Abrazarías la incertidumbre con la convicción de que puede haber algo bueno allí.

Ser feliz es darte cuenta. De todo lo que tenés y lo que podés conseguir si vas a por ello.

Date cuenta y viví feliz y agradecido.

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