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Por ahí ocasionalmente me toca leer aquello de “decir que no” siempre. Hay diversas razones para ello: enfocarse en la tarea, darse uno mismo ‘su lugar’ al tiempo que ponés a los demás en el suyo (¿?), productividad, salud mental, conflictos de intereses, pretender ser alguien importante y solicitado, etc.
Leí recientemente un par de frases que “reforzaban” esa propuesta. Las transcribo acá y comentaré el por qué me parecen exageradas y/o desubicadas. Y así podríamos hacer con muchas más.

Primero, el gurú de los negocios, Peter Druker: “La productividad, según mi experiencia, consiste en NO hacer nada que ayude al trabajo de otras personas, sino dedicar todo el tiempo a la tarea que el Señor nos ha encomendado y hacerla bien”.
No sé si logran ver la misma inconsistencia que yo. “La tarea que el Señor nos ha encomendado.” ¡Hombre, si lo primero que nos encomendó Diosito fue amarlo a Él y luego amar a nuestro prójimo! Y si dejo la teología de lado, ¿no vamos a hacer nada que ayude al trabajo de otras personas? ¿De verdad? Y cuando necesitemos nosotros de los demás, que nos compren un servicio/producto, que nos den una recomendación, que nos escuchen, ¿ahí sí?
Quisiera pensar que la cita está incorrecta, porque esa doble moral como que no… ¡sea Drucker o sea quien sea!
En fin, ¡que viene la otra frase! Esta se le atribuye al secretario del compositor György Ligeti, citándole: “Es creativo y, por ello, está sobrecargado de trabajo. Por lo tanto, la misma razón por la que usted desea estudiar su proceso creativo es también la razón por la que él (desafortunadamente) no tiene tiempo para ayudarle en este estudio. También le gustaría añadir que no puede responder a su carta personalmente porque está tratando desesperadamente de terminar un concierto para violín que se estrenará en otoño…”
Debo reconocer que por lo inculto que soy para ciertos temas artísticos, en la vida había escuchado hablar de este compositor, así que recurrí a algunos portales en internet para conocer de él. Encontré, nuevamente, una especie de doble rasero por ahí que me pareció divertido. Aparte del círculo de compositores clásicos –sus colegas-, también tiene renombre a nivel popular porque un director de cine se fijó en su trabajo y lo incluyó como banda sonora en algunas de sus películas (por supuesto, a un director de cine se le dice siempre que sí, ¿eh?).
Aún así, no quise que me ganara el prejuicio, entonces leí más de él. Resulta que en la segunda mitad de la década de los 50’s emigró brevemente a Colonia, Alemania, donde conoció a un gran número de compositores contemporáneos, gracias a los cuales descubrió dos de sus grandes influencias musicales.
¿Imaginemos que habría sido de él si esos compositores alemanes le hubieran dicho que no a ese migrante desconocido de nacionalidad húngara? Nos lo hubiéramos perdido.
… tampoco te quités a vos mismo la satisfacción de poder hacer la diferencia en la vida de alguien más.
Está bien priorizarte. Está genial enfocarse y buscar ser productivo. Pero no olvidemos que vivimos en sociedad, que nos diseñaron para caminar juntos por la vida, que nos equiparon con talentos y habilidades diferentes y complementarias. Y tampoco te quités a vos mismo la satisfacción de poder hacer la diferencia en la vida de alguien más.
Decí que “no”, sin problema. Pero que tus “sí” sean la mayoría.
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