La impaciencia sale cara

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No solemos ponerles atención, pero en la vida hay muchos costos ocultos que, justamente por su condición, tienen el potencial de ralentizar o estropear muchas cosas de las que hacemos y/o vivimos.

El cigarro que alguien se fuma -ni se diga de alguna droga. Aquel licor de más que se consumió. Ese rato de más despierto con el teléfono móvil por las noches. Esa palabra de más que se dijo en medio de una discusión. Aquella fritura que se comió nuevamente en la semana.

La impaciencia también es un costo oculto, si la analizamos detalladamente. Nos llega a salir muy cara.

El mundo gira en torno a la exigencia de tener todo ya. En mi publicación “Más pasos más liderazgo”, anotaba que en vista de “que el tiempo apremia, recurrimos al microondas, al servicio express, a los resúmenes de los libros, a los atajos, al proveedor que lo entregue más rápido (aunque luego haya que volver a hacer el pedido porque venía mal…)

Y en general, todo es así. Las apps te exigen decidirte en segundos o te presionan (¡te hablo a vos, Duolingo!), las organizaciones necesitan ya los reportes, las plataformas de inversión necesitan que especules ya con tus recursos porque ellas se benefician con los movimientos.

Hay que moverse, rápido y ya.

Y, en ocasiones, lo más sensato y estratégico es hacer, justamente, lo contrario.    

En mis tiempos de universidad, hace 27 años, llevé el curso de Finanzas 1 como parte del plan de estudio de la carrera de Administración de Empresas. Y dentro de las actividades del curso, estaba un simulacro de inversión en Bolsa. Se nos daba una cantidad equis para invertir y el equipo que tuviera los mejores resultados, ganaría un premio. Pero mis compañeros de grupo no se interesaron en el juego, así que asumí el liderazgo de la inversión. Las dos primeras semanas hice algunos movimientos, pero rápidamente me di cuenta de que la mejor forma de ganar era no tocar nada. Y así me mantuve el resto de las semanas.

Y gané.

El premio resultó ser un pequeño inodoro de cerámica que me regaló Fabio, el profe del curso, y que podés ver en la imagen del artículo. Para mi es un trofeo que vale tanto o más que, incluso, las medallas de mis cinco maratones y la del campeonato nacional de triatlón del 2018. Siempre que lo veo o que lo recuerdo, me digo que soy capaz de lograr lo que me proponga.

Mi estrategia en aquel simulacro de inversión fue la paciencia, tener claro que los mercados bursátiles tienden a alza en el largo plazo. Saber que mover los recursos de una opción de inversión a otra de forma impulsiva sólo genera pérdidas. 

La impaciencia es una emoción cara.

Se dice por allí que el inversor aburrido que no toca nada durante lustros es el que termina siendo dueño del barrio.

Aburrido, pero es quien termina ganando a la larga.

La impaciencia es una emoción cara.

También se dice que la persona paciente hereda todo lo que deja la persona impaciente.

Apostá a ganar reduciendo la velocidad, volviéndote aburrido, calculando y siendo paciente, justamente lo opuesto a lo que te empuja la sociedad.

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