¡Hacia adelante!

Sin título

Desde su aparición hará unos cuatro mil años, el mantra ha estado ligado a la parte mental de la persona. Como deportista popular, he notado que muchos quienes compiten a nivel profesional tienen los suyos: el futbolista que entra al terreno de juego y salta, el que se inclina a rezar, el atleta que se persigna, el que se repite a si mismo unas palabras de aliento con los ojos cerrados, etc.

Yo mismo tengo el mío al momento de practicar deporte, que más bien es la forma en que cierro mi participación en los eventos deportivos. Al final de cuentas, eso del mantra es personal, ¿no?

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar con un grupo de líderes deportistas. Son un grupo de personas muy valiosas que están transformando su día a día y el de sus compañeros en el centro penal donde están recluidos. Ellos me regalaron el espacio para poder compartir una pequeña capacitación, y dentro de lo que hablamos, iba unos puntos que estoy transformando en mi frase mantra:

  • Me conozco
  • Sé para dónde voy
  • Tomo decisiones
  • Tengo éxito

Cada uno de esos puntos es un aspecto que estoy mejorando de mí mismo, analizando y tratando de pulir. Es un esfuerzo grande y de compromiso diario, pero acá voy, repitiéndolo con la vista al frente. Y te lo comparto para animarte a que lo usés o hagás el tuyo propio y juntos caminemos hacia el éxito.

¡Ánimo! Vamos con todo hacia adelante.

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La derrota te hace crecer

Hay quien dice que ‘la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana’. La frase se le atribuye a Napoleón, el famoso militar y gobernante francés que vivió entre los siglos XVII y XVIII. Y es curioso que la haya pronunciado alguien que ganaba batallas monumentales con la misma facilidad con que le aplastaban a su ejército a la batalla siguiente. ¿La clave? Voy a especular: seguramente Napoleón no se dejaba amedrentar por el miedo o el ‘qué dirán’.

Siempre hacia adelante, no hay otro camino. La sociedad lo necesita, nuestra familia y amigos lo necesitan, nuestras organizaciones también. Y nosotros mismos, diseñados en la eternidad, debemos seguir el curso de la vida, hacia adelante.

Si todos aprendiéramos a valorar lo que nos enseña una derrota, la buscaríamos tan incesantemente como buscamos una victoria: con ganas, con empeño. Al final, a veces, no tenemos nada que perder y si mucho que ganar.

Anímate, preparate, no dejés nada en casa, llévalo todo y salí a buscar que te derroten. Si ganás, estupendo, pero si perdés, asegúrate de aprender la lección.

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El último mes tuve el honor de conocer al equipo de futbol sala de Coronado, donde resido. Conversando con ellos aprendí cosas de mucho valor. Una de ellas: saber que la adversidad nos hace grandes, y si un capricho del destino –como una tanda de penales- nos derriba, siempre podemos elegir levantarnos de nuevo. No logramos superar la serie contra el equipo rival, pero logramos superarnos a nosotros mismos y volvernos más fuertes. De eso se trata.

Mi reconocimiento a los muchachos, ¡lo mejor está por llegar!

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