(Hacé click acá para escuchar este artículo en el podcast)
En uno de los artículos de mi libro “Liderazgo un paso a la vez” mencionaba que el liderazgo tiene la particularidad de ser un concepto que puede ser muy concreto por un lado pero totalmente abstracto por el otro. Que también puede significar una cosa para el dueño de una empresa, definiéndolo con gran elocuencia, pero que para el trabajador más sencillo de esa misma empresa podría ser tan sólo el sinónimo del título de su jefe inmediato.
En lo que si coincidimos una gran cantidad de autores, pensadores, escritores y personas que estudiamos sobre el tema, es que el liderazgo está, definitivamente, ligado al tema del ejemplo.
Básicamente, si creemos que estamos ejerciendo liderazgo pero no lo practicamos, el equipo y la gente no nos creerá. Y tampoco nos seguirá. Ya eso lo comentaba acertadamente Benjamin Hooks, un destacado abogado, militante por los derechos civiles y predicador bautista: “Si crees que estás liderando y te volteas y no hay nadie siguiéndote, entonces sólo saliste a caminar”.
«…el liderazgo está, definitivamente, ligado al tema del ejemplo.»
Para desarrollar un liderazgo efectivo y que esté basado en dar ejemplo, te comparto algunas ideas random, –como se puso de moda decir-:
- El liderazgo empieza con el Autoliderazgo: si no te liderás vos, si no te gestionas vos, si tratás de aparentar pero no sos realmente, entonces sólo estás actuando como el actor principal de una obra de teatro que termina siendo muy cómica para los espectadores.
- El primer paso para conseguir cambios en el mundo es cambiar uno mismo: cambiar tu manera de ver el mundo, entender que la vida no es solamente en tonos negro o blanco, aprender y poner en práctica valores como la bondad y el servicio. Este es el primer paso para liderar con el ejemplo.
- Influimos en nuestro entorno constantemente: hijos, vecinos, amigos, etc. Algunos de ellos nos conocen muy bien. No hay escape, quienes nos conocen saben lo que hay detrás de la fachada formal, autoritaria y atemorizante que pretendemos poner ante los demás. Ellos conocen de nuestros complejos, de nuestras inseguridades, de nuestros temores. Ellos saben que también tenemos que usar desodorante. Por más fachada, algunos de nosotros también tenemos rinconcitos con escombro y suciedad. Entonces, dejemos de sentirnos divinidades y aterricemos en la vida real.
- Nuestros hechos hablan más que nuestras palabras: hablar de servicio, de trascender, de éxito mientras vivimos menospreciando o pisoteando necesidades ajenas es dispararnos nosotros mismos en el pie.
- Los hábitos nos dan forma y somos lo que hacemos repetidamente: desde lo más pequeño e inadvertido, como dar gracias o dar campo a otra persona, hasta leer un libro cada mes o practicar un deporte, esos hábitos nos definen también como personas. Ah, por cierto, lo opuesto también nos define: no ser agradecido, ser egoísta, no leer, no practicar deportes, etc.
- Dar ejemplo es la mejor forma de influir en los demás: si hablás a otros de servicio, serviles. Si hablás de ser disciplinado, sé disciplinado. Si hablás de ser generoso, sé generoso. Si hablás de comunicación y asertividad, los gritos, sarcasmos, indirectas e ironías salen sobrando.

Si exigimos lo que no damos nos costará encontrar lo que esperamos. Seguramente por eso vemos a tanta gente solitaria y perdida en el mundo, sin sentido ni propósito, brincando de un lado al otro sin construir o aportar nada relevante. Ni se diga de empresas con tasas de rotación altísimas.
Necesitamos líderes que no se enfoquen solamente en enseñarnos teoría y conceptos, necesitamos líderes que lideren desde el ejemplo para nosotros poder seguir sus pasos.
Acá en estos links podrás escuchar este artículo en mi podcast, revisar y adquirir mis publicaciones y suscribirte a mi boletín semanal con reflexiones sobre liderazgo y desarrollo profesional. Y para cuando lo necesités, acá están las formas en que podemos trabajar juntos.