¿Y si el tóxico soy yo y no mi jefe?

Esta es de las reflexiones más fáciles a las que me he enfrentado en la vida. Primero, por la intensión que tengo de “darle vuelta a la tortilla” al tema, donde una búsqueda rápida en Google nos habla tanto de jefes y empleados tóxicos y cómo enfrentarlos, desenmascararlos, neutralizarlos… todo como si esto se tratara de dos bandos opuestos en una guerra abierta entre ellos.

Luego, porque deseo aportar desde la creación de un pequeño ejercicio de autoconocimiento, dado que me he sentido aludido con el tema, ya que probablemente alguna vez milité en ambos bandos.   

Pues si, entrando ya en materia, es muy fácil etiquetar al jefe como “tóxico”. Hay personas en posiciones de autoridad que parece que no se dan a querer. El ansia de lograr resultados, de sobresalir, de lograr los objetivos, suyos o de la empresa, los lleva a convertirse en un tren de alta velocidad capaz de pasarle por encima y aplanar a quien se le ponga por delante.

En la otra acera, también encontramos personas que lejos de colaborar y buscar dar lo mejor de si en sus labores, envenenan el ambiente. Y el problema es que ya seguramente tenemos claro que las malas actitudes son altamente contagiosas, más que las buenas actitudes incluso.

Lo fácil y humano siempre será culpar al otro. Y si es al jefe mucho mejor, en especial con “la fama” que tienen…

Lo fácil y humano siempre será culpar al otro. Y si es al jefe mucho mejor, en especial con “la fama” que tienen. Pero, ¿y si el tóxico soy yo? ¿No porque alguien me lo diga sino porque yo mismo caigo en cuenta que lo puedo hacer mejor?

En la actualidad se está extendiendo mucho una subcultura de victimismo, donde yo soy el pobrecito de la película. Lógicamente, en ese guión el malo es alguien más. Líneas atrás comentaba que echarle la culpa al jefe está muy normalizado. Es parte de todo. La culpa es de los demás y son ellos los que deben solucionar(me) todo.

El tema es que con esa actitud no llegaremos muy lejos en la vida. Llegará un punto en que nos daremos de bruces contra esa pared llamada “realidad” y vaya que puede ser muy doloroso. Por esa razón, es mejor desde ya aprender a asumir nuestras responsabilidades y liberar al jefe de un calificativo de “tóxico” que, quizá, no le corresponde.

Con la actitud de víctimas no llegaremos muy lejos en la vida..

¿Cuándo soy yo el tóxico y no el jefe? Hay varias formas de darse cuenta, en este artículo cito solamente unas cuantas:

  1. Afecto el entorno dela empresa: chismeo, critico al jefe delante de los compañeros, juego a la guerra de guerrillas dividiendo.
  2. No me gusta recibir feedback: yo siempre tengo la razón y nadie me tiene que decir nada. Doble puntaje si ni siquiera investigo luego a ver si hay una mejor forma de hacer las cosas.
  3. Evito la milla extra: no aporto, no me ofrezco, no crezco, solo espero que me paguen la quincena porque me lo merezco y para eso estoy en la empresa.
  4. Tengo un problema para cada solución: no voy por la milla extra y además estorbo a los que si.
  5. No conozco a mi jefe: él/ella también es humano –aunque a mi no me parezca, además siente, tiene necesidades, familia, anhelos, desafíos y sin embargo no me interesa nada de ello.
  6. Si anda irritado lo imito: le imito cualquier conducta “tóxica” y la replico a diestra y siniestra. Igual el tóxico es él y no yo.
  7. No confío en mis capacidades: se nota mi inseguridad. No hago nada para merecerlo pero vivo esperando que me elogien, es más, dependo de ello. Y cuando no se me da, por la razón que sea, el malo y el tóxico de nuevo es el jefe que no me elogia ni me motiva. 

Si me responsabilizo por mi y mis acciones, estoy abriendo la puerta a la mejora, a la superación, a mi “nueva normalidad”

Al final de cuentas, se trata de asumir mi propia responsabilidad, la de mis actos. No hay tal “es que fue por culpa del jefe, de mi pareja, de mis padres, del presidente”. Si me responsabilizo por mi y mis acciones, estoy abriendo la puerta a la mejora, a la superación, a mi “nueva normalidad”.

Porque si, de fijo habrá jefes tóxicos, no lo niego. Pero, volviendo al inicio, ¿y si el tóxico soy yo? ¿Qué sigue? Nos toca a cada uno hacer nuestro propio camino a la excelencia. Será una de las mejores decisiones que podremos tomar en nuestra vida profesional.

—-

En Amazon está disponible mi nuevo libro “Liderazgo, un paso a la vez”, podés adquirirlo en formatos impreso y digital para dispositivos Kindle. En este link podrás ver su presentación online, que incluyó una breve charla. Y por acá está el acceso a mi podcast, que son breves reflexiones que espero te ayuden a liderar todas las áreas de tu vida.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.


Fabrizzio Ponce
@fabrizzioponce 

2 comentarios en “¿Y si el tóxico soy yo y no mi jefe?

  1. Muy buen artículo, Fabrizzio..
    En mi opinión, describes muy bien el autocomportamiento tóxico, auynque la toxicidad, para mí tiene 2 caras más, 2 síndromes.
    Síndrome del billete de 500 €: Personas que quieren gustarle a todo el mundo a la vez. (esto evidentemente no va a poder ser).
    Síndrome de Abstinencia. Se da, cuando tras un tiempo de haber estado a gusto en una organización, empezamos a tener los comportamientos que describes o cuando queremos que una organización no cambie, (ahora se da mucho con la pandemia), hay organizaciones que quieren mantenerse en PRECOVID, pero eso tampoco va a poder ser, pues estamos en constante evolución y cambio.
    Un saludo.

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