Todo para ¡ya!

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Y es que el tiempo apremia, ¿no? Entonces recurrimos al microondas, al servicio express (llevándole el tiempo de la entrega), a los resúmenes de los libros, a los atajos, al proveedor que lo entregue más rápido (aunque luego haya que volver a hacer el pedido porque venía mal)…

El sistema en que vivimos nos empuja a eso, a la rapidez, a la inmediatez, a quererlo todo ya. Hasta hay quien le pide paciencia a Dios, pero que se la dé ya mismo. Todo es competencia, corremos de un lado al otro, tratamos siempre de demostrar que somos los mejores e insuperables, nos enojamos, nos ponemos ansiosos si el que va delante camina más despacio, pitamos cuando el semáforo se pone en verde (aunque seamos el décimo octavo carro de la fila)… Terrible. Y no quisiera pensar en más ejemplos para no ponerme ansioso yo también.

¿Cuándo fue que olvidamos el deleite de disfrutar el momento? No me malentiendan: no es aquello de hacer cualquier disparate que se nos ocurra por la prisa (volvemos a lo mismo) de disfrutar el momento porque la vida puede ser muy corta. Me refiero a esa pausa en medio de nuestro trajín para poder disfrutar lo que estamos haciendo, lo que nos estamos comiendo, lo que estamos conversando, incluso lo que nos estamos diciendo a nosotros mismos.

Cuando hacemos ese tipo de pausas, la vida recobra el sentido y el gusto que ya de por si tiene. Admirar una puesta de sol, el paisaje de las montañas, la sonrisa de un niño, sentir y disfrutar esas emociones que nos producen las cosas buenas de la vida, que la tiene y muchas. Lo he dicho y escrito en otras ocasiones: si tan solo bajáramos las revoluciones, la velocidad, los decibeles, ¿qué cosas descubriríamos? ¿De qué nos estamos perdiendo por llevar la vida de forma tan vertiginosa?

Mi invitación hoy es a que la llevemos más despacio, la vida quiere sorprendernos y estoy seguro que agradeceremos habernos dejado sorprender.

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¡Hacia adelante!

Sin título

Desde su aparición hará unos cuatro mil años, el mantra ha estado ligado a la parte mental de la persona. Como deportista popular, he notado que muchos quienes compiten a nivel profesional tienen los suyos: el futbolista que entra al terreno de juego y salta, el que se inclina a rezar, el atleta que se persigna, el que se repite a si mismo unas palabras de aliento con los ojos cerrados, etc.

Yo mismo tengo el mío al momento de practicar deporte, que más bien es la forma en que cierro mi participación en los eventos deportivos. Al final de cuentas, eso del mantra es personal, ¿no?

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar con un grupo de líderes deportistas. Son un grupo de personas muy valiosas que están transformando su día a día y el de sus compañeros en el centro penal donde están recluidos. Ellos me regalaron el espacio para poder compartir una pequeña capacitación, y dentro de lo que hablamos, iba unos puntos que estoy transformando en mi frase mantra:

  • Me conozco
  • Sé para dónde voy
  • Tomo decisiones
  • Tengo éxito

Cada uno de esos puntos es un aspecto que estoy mejorando de mí mismo, analizando y tratando de pulir. Es un esfuerzo grande y de compromiso diario, pero acá voy, repitiéndolo con la vista al frente. Y te lo comparto para animarte a que lo usés o hagás el tuyo propio y juntos caminemos hacia el éxito.

¡Ánimo! Vamos con todo hacia adelante.

¡Feliz año nuevo!

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Siempre iniciamos un año pensando en los propósitos que nos hacemos y con la esperanza de realizarlos. Y eso está bien, creo que es importante saber para dónde vamos para así tomar las mejores rutas y alternativas que nos van surgiendo a lo largo del año.

Y es que algo he aprendido con los años: muchas veces, por más planes, por más deseos, a veces la situación no sale como esperamos. Puede resultar desconcertante en el momento y no es algo muy popular, pero la realidad es que tenemos que aprender a improvisar y aceptar que tenemos el control de muy pocas cosas en la vida.

Así que debemos aprender a aceptar las desviaciones, las pausas y los reinicios como algo normal, que pueden perfectamente visitarnos a lo largo de los próximos trescientos sesenta y cinco días. Y no solo aceptarlos, sino lidiar con ellos de la mejor manera, sin perder de vista el objetivo que nos hemos trazado.

Aprendamos también a mantenernos positivos y agradecidos con todo lo que venga, con lo bueno porque nos motiva a seguir adelante y con lo no-tan-bueno porque seguramente algo quiere enseñarnos.

¡Que tengás un 2018 lleno de emociones, dicha y prosperidad!  

Vos no asustás a nadie…

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Siempre hay dos caras en una misma moneda. Con nosotros sucede igual, ahí hay dos caras en la misma moneda, solamente que no siempre somos conscientes de ello.

Esto se acentúa cuando hablamos o pensamos sobre las cosas negativas, o que no nos salen muy bien. Ya sabés, esos intentos que hicimos en algún momento, donde nos esforzamos, lo intentamos, tocamos puertas, la ‘pulseamos’.. y zas, terminaron en nada.

Solemos ser muy duros con nosotros mismos o con quienes nos rodean y no necesariamente por maldad. Es por la necesidad que tenemos de evaluar, de medir, de controlar todo, de averiguar y llegar a conclusiones. Eso no está mal, todos recordamos aquella famosa frase de que ‘si no se mide, no se controla y no se puede mejorar’.

Como administrador de negocios empato con esa forma de ver las cosas. Pero, como formador y gestor de talento, tengo muy claro que eso es una cara de la moneda. Falta la observar la otra.

Hay un motivo por el cual se hacen las cosas, hay una intención de hacerlas, hay una ilusión al soñar con ellas. Hay algo detrás de cada evento que hace única e irrepetible la experiencia, por más mala que haya sido. Y es que debemos tener claro que ganar o lograr el éxito no siempre depende de nosotros. Quizá nuestro rival tuvo más hambre de triunfo que nosotros, o que nuestro socio o cliente se echara para atrás en el último instante y listo, no se dieron las cosas.

Pero, insisto, debemos aprender a ver la otra cara de la moneda.

Las últimas semanas tuve la oportunidad de ver la película Monsters University. Por temas de horarios la he visto en partes, sin embargo, creo que ya logré verla en su totalidad. Y quedé enganchado con una de sus frases en las escenas finales.Mike_Wazowski_and_Sulley

Vos no asustás a nadie, Mike, ni siquiera un poco…”. Luego de tocar todas las puertas, de intentarlo de mil y una formas y de luchar hasta el final, Sulley le dice esas palabras a su amigo Mike, que podrían haberle resultado lapidarias. Toda la vida de Mike había sido de lucha, de intentarlo, de proponérselo. Y nada que lo lograba. Sin embargo, las palabras de Sulley, aunque parecieran lapidarias, no lo son. Apenas es una de las caras de la moneda.

Vos no asustás a nadie, Mike, ni siquiera un poco… pero no le temés a nada”.

¿Cuál es la otra cara de la moneda de tu historia?

¿Fuiste el primero de tu familia en lograrlo? ¿Fuiste el único de la clase que lo intentó? ¿Fuiste el que tuvo más ambición y por eso arriesgaste tanto? ¿Te habías visualizado siendo exitoso y por eso lo hiciste?

El resultado es lo de menos, como te escribí antes, el ganar o lograr el éxito no siempre depende de uno. Lo importante y que quiero dejarte como reflexión es que, si vas a evaluarte o a otros, siempre revisá las dos caras de la moneda.

Mike Wazowski no asustaba a nadie, pero eso no fue impedimento para lograr lo que ambicionaba. Las dos caras de la moneda, la historia completa. Así es como debemos mirar las cosas, los eventos, y a nosotros mismos.

Lo que ofrecemos atrae lo mismo

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Hace algunas semanas me dejé llevar por mis ‘emociones viscerales‘ y me involucré en un tipo de discusión que se llevaba a cabo en una red social. Solo argumenté que no hacían falta insultos, ironías o sarcasmos al momento de defender una posición, y lo hice con la intención de apoyar al community manager de una organización.

Supongo que el aludido no me entendió, en vista de que se puso contra mi defendiendo su ‘derecho’ a usar sarcasmos, insultos e ironías. Lo más chistoso es que detrás de él aparecieron más, todos emprendiéndola contra mi.

Ahora bien, silenciosamente me retiré de la escena, dejé de seguir a la empresa esa y listo, no se me cayó un brazo o una oreja debido a los ‘valientes’ ataques que dirigieron contra mi. Bah. Tonterías de niños en redes sociales, de los cuales me reconozco como uno más en el momento.

Lo comentó porque luego de reflexionar, llegué a un par de conclusiones que alguna vez tuve presentes y que la vida me las traía de nuevo a la palestra:

  1. No podemos dar otra cosa que no sea lo que tenemos con/en nosotros.
  2. Atraemos a nosotros solamente a quienes tienen lo mismo para ofrecer.

Pueden parecer frases místicas, pero en la realidad tienen vigencia. Lo comprobé ese día. Hasta parecía que disfrutaban insultarse mutuamente. Definitivamente no es mi ambiente y por eso decidí alejarme, no porque yo sea mejor, sino porque trato de ser diferente y ofrecer algo diferente a quien se cruza conmigo en la vida.

¿Sentís que solo te rodean personas complicadas y pesimistas? Seguramente es por lo que estás ofreciendo a tu entorno. ¿Qué tal si empezamos a ofrecer algo diferente, a ver que pasa? Un pelín de gratitud por acá, un poquito de respeto por allá, una pizca de optimismo y palabras amables de nuevo por acá. No es nada místico ni nuevo, pero es algo de beneficios comprobados.